El Señorío de Dios en Nuestras Finanzas Matrimoniales

Muchos de nosotros, cuando ya conocemos un poco del Señor, nos damos cuenta de la riqueza que hay en la Palabra de Dios. Sin embargo, el 99% de nosotros nos llevamos una gran sorpresa al conocer estadísticas de la Palabra: hay alrededor de 500 versículos que hablan sobre la oración, poco menos de 500 versículos que hablan de la fe, pero l impactante es conocer que existen más de 2,500 versículos sobre un tema tabú en el mundo entero: nuestros bienes y finanzas.


Y es que el Señor, nuestro Dios, en su infinita sabiduría porque nos conoce desde siempre, sabe que nuestras finanzas revelan quiénes somos, ya que ellas muestran cuáles son nuestras prioridades.


¿Por qué da tanta pena hablar sobre ello? ¿por qué sentimos la necesidad de decir que nuestras finanzas son un tema personal, que nadie tiene por qué conocer? Sencillamente por eso, porque al revelarlos, es como si nos mostráramos desnudos, de modo que todo mundo podría ver de forma transparente quiénes somos realmente.


Porque en ellas vemos en qué gastamos y cuánto, cuánto ahorramos, si somos previsivos, si somos generosos y si lo somos, a quién le damos.



El Señorío de Dios sobre TODO

Cuando iniciamos nuestra conversión, cuando verdaderamente conocimos al Señor y durante todo nuestro tiempo de crecimiento, se nos habló sobre el Señorío de Jesús. Era un tema “obligatorio” en la conversión, porque al entenderlo claramente, todo lo demás relacionado con nuestra conversión resulta más sencillo, y tiene más sentido.


Repasemos un poco el concepto del Señorío de Jesús.


1ra Crónicas 29, 11-12 "Tuya, oh Yahveh, es la grandeza, la fuerza, la magnificencia, el esplendor y la majestad; pues tuyo es cuanto hay en el cielo y en la tierra. Tuyo, oh Yahveh, es el reino; tú te levantas por encima de todo. De ti proceden las riquezas y la gloria. Tú lo gobiernas todo; en tu mano están el poder y la fortaleza, y es tu mano la que todo lo engrandece y a todo da consistencia."



El es el amo de TODO, de absolutamente todo cuanto existe, de todo lo que hay, de todo lo que fue, de lo que existirá. Jamás tendrá validez nuestra expresión “es MI dinero y yo hago con el lo que quiero”. No es tuyo, no es de tu esposo, es de Dios. El, en su infinita misericordia, te ha confiado esos bienes para que los administres.


Entender esto tiene una gran repercusión en nuestra vida espiritual y por ende en nuestras finanzas. Cuando hablamos del Señorío de Jesús jamás se habla de un aspecto parcial. No se habla de diferentes círculos en los que unos le darás tú el Señorío a Dios, y en los otros te quedarás tú como el centro.


Las finanzas, los bienes materiales, nos afectan en nuestra relación con El y esto es porque el dinero termina compitiendo con El. Las crisis se vuelven momentos que nos hacen dudar de Dios, de su poderío, de su misericordia, de su providencia, y sobre todo, de su amor.


En el siglo XII, durante las Cruzadas, que tenía la particularidad de ser una guerra pero de origen religioso, se tenía que contratar a mercenarios, pero por su carácter religioso, se exigía que dichos mercenarios fueran bautizados.


Ellos aceptaban , pero cuando se sumergían en el agua para recibir el bautismo, dejaban fuera su espada, como símbolo de que Dios podía hacer todo lo que quisiera, pero su espada, la manejaban ellos.


Es la mejor ilustración y ejemplo de cómo manejamos nosotros nuestras finanzas con respecto a Dios. Podemos ser personas con testimonios de gran peso, de esos que arrasan, de los que convierten de verdad a otros, pero dejamos afuera el tema financiero, porque ahí no aceptamos a Dios.


Lucas 14, 33 "Pues, de igual manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío."


Cuando entendemos que Dios es Dueño y Señor de todo, sin excepción, entonces todo llega a tener sentido. Cuando lo reconocemos, todo empieza a tomar forma. Esas palabras del Señor de “mi carga es ligera” se vuelven más vivas que nunca.


Cada gasto se convierte en una decisión espiritual, nada vano, y nos volvemos corresponsables con el Señor de todo lo que pase. Siempre hay dos actores: Dios y nosotros.


Isaías 55, 8 "Porque no son mis pensamientos sus pensamientos, ni sus caminos son mis caminos - oráculo de Yahveh -."


Reconocer a Dios como el Señor de nuestras finanzas nos quita ese peso que muchas veces hace que la gente llegue no sólo a romper una familia, sino incluso al suicidio.


Hablar con tu cónyuge sobre las finanzas del Matrimonio

Casi siempre que uno habla con una persona casada y/o con hijos, su preocupación es la misma, o su excusa es la misma “¿qué vamos a hacer si yo no trabajo? ¿qué van a comer mis hijos? ¿dónde vamos a vivir?”.





Y cuando nos expresamos de esta manera nos damos cuenta que verdaderamente no conocemos al Señor, porque Jesús dice en Lucas 12, 29-32: “"Así pues, ustedes no anden buscando qué comer ni qué beber, y no estén inquietos. Que por todas esas cosas se afanan los gentiles del mundo; y ya sabe su Padre que tienen la necesidad de eso. Busquen más bien su Reino, y esas cosas se les darán por añadidura. 3«No temas, pequeño rebaño, porque a su Padre le ha parecido bien darles a ustedes el Reino."


El Señor ya conoce nuestras necesidades, El lo que nos quiere dar es algo aún más grande, nos quiere entregar SU REINO.