Tiempos de Crisis, ¿Qué Pasa Con la Economía Familiar?

En medio de esta pandemia vivimos una realidad distinta que nos ha obligado a reconsiderar nuestras prioridades en distintos ámbitos como el laboral, el familiar, el ámbito educativo, social, etc.


Las crisis familiares pueden generarse por problemas económicos y pueden llegar a afectar el

funcionamiento normal y el desarrollo de la dinámica familiar. La pérdida de empleo de uno o más miembros de la familia es motivo de estrés y preocupación. Produce un desequilibrio en la economía del hogar que obliga de inmediato a reajustar presupuestos, reducir, controlar y eliminar gastos, así como cambiar planes, costumbres y hábitos de consumo.


Así también, un país afectado por crisis económica va a causar un efecto directo en sus habitantes; donde se puede encontrar subempleo o empleo inadecuado, pocas oportunidades de desarrollo, puede generar aislamiento social, discriminación, deterioro de las relaciones familiares, etc. Ante estas dificultades surgen otras necesidades de adaptación, por ejemplo: el cambio de un colegio privado a uno público o estatal, necesidad de la venta del vehículo, utilizar el transporte público, cambio de lugar de residencia, cambio de una casa espaciosa a un departamento pequeño o tener que ir a vivir con otros miembros de la familia, etc.



Existen otros factores que pueden causar inestabilidad en la economía familiar y estos se relacionan con imprevistos como accidentes, enfermedades, deudas bancarias o tarjetas de crédito, así como la adquisición de nuevas responsabilidades producto de una pérdida familiar, etc.


Estos antecedentes nos invitan a reflexionar ampliamente sobre el manejo de las finanzas dentro del hogar. ¿Podremos sobrevivir a crisis económicas? ¿Estamos preparados? ¿Cómo manejamos nuestros ingresos? ¿Hacia dónde se desvían nuestros sueldos? ¿Somos organizados y responsables con nuestras finanzas, bienes y deudas? ¿Contamos con un fondo para emergencias o cuentas de ahorro?

Hace más de dos años tuve la oportunidad de conocer Compass Católico y puedo afirmar que me sensibilizó y volvió más responsable con el manejo del dinero desde una perspectiva que nunca había considerado, la perspectiva de Dios. El recorrido a través del curso fue único, interesante, mis compañeros y yo nos involucramos en las lecturas bíblicas, valoramos los testimonios compartidos, que permanecen alojados con respeto en el silencio de nuestro corazón.


Me considero afortunada de haber podido tomar el curso y haberlo empezado a aplicar en mi vida y en cada oportunidad replicarlo a los demás. El curso nos volvió más centrados, agradecidos, humildes y solidarios. En mi caso, ha tenido un efecto multiplicador en mi familia y en las personas con quienes trabajo, a quienes trato de guiar en el ámbito que me compete. Si aún no ha tomado el curso, puede inscribirse aquí.


No es tarea fácil, sin embargo, con voluntad y decisión es posible manejar un presupuesto, control de gastos, empezar un ahorro, etc. Se puede empezar en cualquier momento del año, basta contar con determinación, una hoja de cálculo o una agenda permitirán llevar el registro y control organizado de ingresos y gastos a diario. El acompañamiento de los facilitadores representó un gran apoyo, con mucha entrega se convirtieron en expertos consejeros nuestros.


Compass Católico nos orientó y simplificó el registro de los gastos con una hoja de cálculo y hojas formuladas que nos permitían llevar el control y por qué no decirlo, sorprendernos con lo que teníamos, gastábamos y debíamos, esto último podía crecer sin control como una bola de nieve.


Los gastos hormiga son gastos que, por su pequeño valor, les asignamos poca importancia. Rara vez los consideramos y muchas veces los olvidamos; pero el total de estos gastos sumados a la semana, al mes o al año puede causarnos gran sorpresa.


Usualmente nos quejamos del incremento del costo de la vida, del valor de los bienes y servicios, del incremento de los gastos de educación, de los alimentos, del entretenimiento, etc. la realidad es que mientras más ganamos, más gastamos, en resumidas cuentas, el dinero no alcanza.


El ahorro es indispensable en la economía familiar, deberíamos esforzarnos en fijarnos como meta u objetivo ahorrar por lo menos el 10% del ingreso y si no es posible ese porcentaje, ahorrar lo que podamos con el compromiso de mantenerlo separado o invertido para evitar que pueda ser utilizado en gastos inesperados. También debemos contar con un fondo para gastos ocasionales o emergencias, que no debe ser el mismo del ahorro.



La pandemia nos conserva más tiempo en casa y ello nos permite ahorrar en ciertos gastos que hemos comprobado no eran tan necesarios.


Desde mi labor social conozco que el presupuesto de gastos familiares es motivo de preocupación. Muchas parejas no acostumbran a mencionar cuál es su ingreso real y mucho menos comentar en qué invierten o destinan la mayor parte de su sueldo. En ciertas familias el ingreso de la mujer es superior al de hombre e históricamente hemos estado acostumbrados a lo contrario, que sea el hombre el principal proveedor en el hogar; sin embargo, la mujer ha demostrado ser buena administradora en el hogar.